Cada vez son más los cineastas que buscan este tipo de microfinanciación para sus películas a través de Internet.
Jaime Bas estudió
en la Comunicación Audiovisual en la Complutense. Tenía talento, tenía ganas y,
sobre todo, tenía ideas. Pero no alguien que creyera en su él.
“Terminé la
carrera hace tres años. Pensaba que al acabar iba a ser un gran director. La
vida es mucho más dura. Estaba sin trabajo y sin nada que hacer”, relata este
joven madrileño.
Unos amigos le
ofrecieron colaborar en “Pendiente de título”, una serie pensada especialmente
para Internet. No duró mucho tiempo pero agradece infinitamente la oportunidad
que le dieron. “Me sirvió como plataforma, para conocer a gente”, reconoce.
Pronto le ficharon para “El Cosmonauta”, una película muy peculiar.
“El Cosmonauta es un largometraje
de ciencia ficción dirigido por Nicolás Alcalá. Es una de las primeras en
España que se ha financiado íntegramente por crowdfunding”, explica con un deje
de orgullo en su voz. “No creía que fuera a funcionar, pero lo hizo, y ya hemos
comenzado la grabación”, sonríe.
¿Qué es el crowdfunding?
El crowdfunding,
según lo define Jeff Howe de la revista Wired, es un llamamiento abierto para
ayudar a recaudar recursos para poner en marcha un proyecto, artículo,
película, iniciativa, etc.
En el caso del
sector cinematográfico esta posibilidad de financiación se ha vuelto cada vez
más importante para llevar a cabo películas que difícilmente encontrarían
financiación a través de los caminos tradicionales. Cualquiera puede explicar
su proyecto y los interesados pueden aportar pequeñas cantidades de dinero
hasta que se llegue a la cifra del coste estimado de producción.
“Internet ha hecho
posible que cineastas de cualquier parte del mundo puedan llegar a muchísimas
personas sin intermediarios, en tiempo real y a muy bajo coste. Es el futuro
para jóvenes como nosotros. Somos los chicos de la crisis. Hemos tenido la
mejor formación pero nadie se arriesga a invertir una gran suma en nosotros. De
esta manera podemos conseguir el dinero poco a poco”, explica Jaime con
vehemencia.
En los últimos
cinco años, en Estados Unidos especialmente, ha crecido el número de directores
(y de empresas) que han optado por esta vía. Según los datos de RTVE, un 41% de las plataformas que promocionan este tipo de financiación se encuentran allí.
En España ya se han
presentado 535 proyectos y 192 han fracasado. “Han fallado muchos, pero lo han
conseguido muchos más. A pesar de que en este país la gente todavía no se fie,
nosotros vamos a llegar lejos”, se ilusiona mientras toquetea los botones de
una cámara.
¿Por qué funciona?
“Las películas que
usan crowdfunding suelen crear una comunidad sólida y activa en torno a su
proyecto. Es el caso de Iraq for Sale, un documental sobre las empresas
económicamente beneficiadas por la Guerra en Iraq que en 10 días consiguió
recaudar 267,892 dólares”, cuenta Carlos Rodríguez, productor de Riot Cinema
Collective y especialista en este tipo de técnicas.
“La gente se siente
involucrada parte de un proyecto. Sea cual sea su aportación aparece en los
títulos de crédito. En el mundo tan individualista en el que nos ha tocado
vivir, las iniciativas que generan comunidad son las que triunfan. Es lo que el
ser humano necesita”, detalla Carlos.
“Por otra parte,
hasta ahora invertir en cine era algo al alcance de unos pocos. Mucha gente
cree que al colaborar en la realización de la cultura están aumentando su nivel
cultural, se sienten los mecenas del siglo XXI”, sostiene este experto.
¿Qué es lo que falla?
“No todo es tan
sencillo. Esta forma de financiación obliga a tener que esperar entre tres y
siete años para empezar la producción. Pero menos da una piedra”, continua el
productor.
El crowdfunding
suele basarse en los denominados “perks”, es decir, regalos que tienen un coste
de donación. “Si inviertes 100 euros tendrás un DVD de la película firmado pero
si inviertes 300 cenarás con el director. El problema es que hay gente que
puede invertir poco y se desaniman al ver que su dinero no tiene premio. Y
muchas veces son las pequeñas cantidades las que marcan la diferencia. Un euro
de uno, otro de otro… Yo creo que esto es algo que se debería ajustar a la
realidad en la que vivimos. Muy pocos hoy pueden permitirse el lujo de donar
grandes cantidades”, comenta Carlos.
Además, está la
falta de seguridad. Si un proyecto no se realiza son pocos los que aseguran
devolver las aportaciones. “Esto tira para atrás a mucha gente. Debería
estandarizarse un sistema por el cual se reintegre el dinero si la cosa no
funciona”, señala convencido.
A pesar de todo,
Jaime no se desamina. “Tiene muchas cosas malas. Como todo. Pero menos da una
piedra. Los que tienen el dinero no confían en los chavales jóvenes. El
crowdfunding me ha dado ilusión, me ha permitido conocer a gente sin dinero
pero con confianza. Y eso es lo que cuenta”, concluye con una sonrisa.

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