viernes, 1 de febrero de 2013

Crowdfunding: Una nueva forma de hacer cine



Cada vez son más los cineastas que buscan este tipo de microfinanciación para sus películas a través de Internet.


Jaime Bas estudió en la Comunicación Audiovisual en la Complutense. Tenía talento, tenía ganas y, sobre todo, tenía ideas. Pero no alguien que creyera en su él.





“Terminé la carrera hace tres años. Pensaba que al acabar iba a ser un gran director. La vida es mucho más dura. Estaba sin trabajo y sin nada que hacer”, relata este joven madrileño.
Unos amigos le ofrecieron colaborar en “Pendiente de título”, una serie pensada especialmente para Internet. No duró mucho tiempo pero agradece infinitamente la oportunidad que le dieron. “Me sirvió como plataforma, para conocer a gente”, reconoce. Pronto le ficharon para “El Cosmonauta”, una película muy peculiar.
“El Cosmonauta es un largometraje de ciencia ficción dirigido por Nicolás Alcalá. Es una de las primeras en España que se ha financiado íntegramente por crowdfunding”, explica con un deje de orgullo en su voz. “No creía que fuera a funcionar, pero lo hizo, y ya hemos comenzado la grabación”, sonríe.

¿Qué es el crowdfunding?

El crowdfunding, según lo define Jeff Howe de la revista Wired, es un llamamiento abierto para ayudar a recaudar recursos para poner en marcha un proyecto, artículo, película, iniciativa, etc.
En el caso del sector cinematográfico esta posibilidad de financiación se ha vuelto cada vez más importante para llevar a cabo películas que difícilmente encontrarían financiación a través de los caminos tradicionales. Cualquiera puede explicar su proyecto y los interesados pueden aportar pequeñas cantidades de dinero hasta que se llegue a la cifra del coste estimado de producción.
“Internet ha hecho posible que cineastas de cualquier parte del mundo puedan llegar a muchísimas personas sin intermediarios, en tiempo real y a muy bajo coste. Es el futuro para jóvenes como nosotros. Somos los chicos de la crisis. Hemos tenido la mejor formación pero nadie se arriesga a invertir una gran suma en nosotros. De esta manera podemos conseguir el dinero poco a poco”, explica Jaime con vehemencia.
En los últimos cinco años, en Estados Unidos especialmente, ha crecido el número de directores (y de empresas) que han optado por esta vía.  Según los datos de RTVE, un 41% de las plataformas que promocionan este tipo de financiación se encuentran allí.
En España ya se han presentado 535 proyectos y 192 han fracasado. “Han fallado muchos, pero lo han conseguido muchos más. A pesar de que en este país la gente todavía no se fie, nosotros vamos a llegar lejos”, se ilusiona mientras toquetea los botones de una cámara.
¿Por qué funciona?
“Las películas que usan crowdfunding suelen crear una comunidad sólida y activa en torno a su proyecto. Es el caso de Iraq for Sale, un documental sobre las empresas económicamente beneficiadas por la Guerra en Iraq que en 10 días consiguió recaudar 267,892 dólares”, cuenta Carlos Rodríguez, productor de Riot Cinema Collective y especialista en este tipo de técnicas.
“La gente se siente involucrada parte de un proyecto. Sea cual sea su aportación aparece en los títulos de crédito. En el mundo tan individualista en el que nos ha tocado vivir, las iniciativas que generan comunidad son las que triunfan. Es lo que el ser humano necesita”, detalla Carlos.
“Por otra parte, hasta ahora invertir en cine era algo al alcance de unos pocos. Mucha gente cree que al colaborar en la realización de la cultura están aumentando su nivel cultural, se sienten los mecenas del siglo XXI”, sostiene este experto.
¿Qué es lo que falla?
“No todo es tan sencillo. Esta forma de financiación obliga a tener que esperar entre tres y siete años para empezar la producción. Pero menos da una piedra”, continua el productor.
El crowdfunding suele basarse en los denominados “perks”, es decir, regalos que tienen un coste de donación. “Si inviertes 100 euros tendrás un DVD de la película firmado pero si inviertes 300 cenarás con el director. El problema es que hay gente que puede invertir poco y se desaniman al ver que su dinero no tiene premio. Y muchas veces son las pequeñas cantidades las que marcan la diferencia. Un euro de uno, otro de otro… Yo creo que esto es algo que se debería ajustar a la realidad en la que vivimos. Muy pocos hoy pueden permitirse el lujo de donar grandes cantidades”, comenta Carlos.
Además, está la falta de seguridad. Si un proyecto no se realiza son pocos los que aseguran devolver las aportaciones. “Esto tira para atrás a mucha gente. Debería estandarizarse un sistema por el cual se reintegre el dinero si la cosa no funciona”, señala convencido.
A pesar de todo, Jaime no se desamina. “Tiene muchas cosas malas. Como todo. Pero menos da una piedra. Los que tienen el dinero no confían en los chavales jóvenes. El crowdfunding me ha dado ilusión, me ha permitido conocer a gente sin dinero pero con confianza. Y eso es lo que cuenta”, concluye con una sonrisa.

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