En España, siete de cada diez jóvenes de 20 a 29 años vive con sus padres
“Todos los niños crecen, pero hay uno que no”. Así comienza la novela Peter Pan y Wendy que James Matthew Barrie publicó en 1911, en la que describe al conocido joven que se niega a crecer para vivir en una permanente aventura.
Actualmente no hay solo uno, sino que es una actitud que se ha ido extendiendo en las sociedades del primer mundo y que ya no es una simple moda. Es una forma de vida al que los sociólogos han intentado poner nombre mediante varios términos. El que más fortuna ha hecho es el de “síndrome de Peter Pan”, término acuñado en 1983 por el doctor Dan Kiley en su libro El síndrome de Peter Pan: personas que no crecen.
No es una entidad patológica, de hecho no está clasificada como tal en ninguna edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), pero se refiere a personas con rasgos comunes: son jóvenes adultos, inmaduros social y emocionalmente, que quieren seguir viviendo como niños; jugando a videojuegos, sin asumir responsabilidades. Con miedo a la soledad pero también al compromiso como coartador de su libertad, que viven con sus padres sin ganas de abandonar las comodidades del hogar.
Leo
Grossman los sacó en la portada de la revista TIME en 2005 bajo el titular
“¿Crecer? No tan rápido”. En su artículo se preguntaba si quizá crecer es hoy
más duro que nunca antes, o si tal vez estas personas se toman tan en serio su
madurez que invierten años en elegir cuidadosamente su camino. Pero
no todos los que se resisten a salir del nido lo hacen porque se nieguen a
crecer. El sociólogo Enrique Gil afirmaba en El País: “Cuando no resulta
posible emanciparse adquiriendo una posición social equiparable a la que se
disfruta con sus padres, entonces parece más racional aplazar la decisión de
emanciparse”.
La crisis económica está afectando a la emancipación e independencia económica de los jóvenes en España, según publica la Fundación “la Caixa” en el volumen 34 de su colección de Estudios Sociales: La transición de los jóvenes a la vida adulta. Crisis económica y emancipación tardía. En la actualidad, el 67,4% de los jóvenes españoles de entre 20 y 29 años viven con sus padres, siendo la edad media de abandono del hogar en torno a los 29 años, mientras que en países como Finlandia se produce a los 23.
En España, tradicionalmente las pautas de salida del hogar del joven eran tardías, haciéndolas coincidir con la vida en pareja y la paternidad. No es así, sin embargo, en los países del norte de Europa, donde los jóvenes abandonan antes el hogar para vivir de forma independiente. Pero con el desempleo y la precariedad laboral dichas pautas se han acentuado: ni siquiera los jóvenes que trabajan se pueden independizar. El 18% de los jóvenes ocupados de 30 a 34 años todavía vive con sus padres, y muchos de los que se habían independizado, al no poder hacer frente a los pagos, han tenido que volver al hogar.
La crisis económica está afectando a la emancipación e independencia económica de los jóvenes en España, según publica la Fundación “la Caixa” en el volumen 34 de su colección de Estudios Sociales: La transición de los jóvenes a la vida adulta. Crisis económica y emancipación tardía. En la actualidad, el 67,4% de los jóvenes españoles de entre 20 y 29 años viven con sus padres, siendo la edad media de abandono del hogar en torno a los 29 años, mientras que en países como Finlandia se produce a los 23.
En España, tradicionalmente las pautas de salida del hogar del joven eran tardías, haciéndolas coincidir con la vida en pareja y la paternidad. No es así, sin embargo, en los países del norte de Europa, donde los jóvenes abandonan antes el hogar para vivir de forma independiente. Pero con el desempleo y la precariedad laboral dichas pautas se han acentuado: ni siquiera los jóvenes que trabajan se pueden independizar. El 18% de los jóvenes ocupados de 30 a 34 años todavía vive con sus padres, y muchos de los que se habían independizado, al no poder hacer frente a los pagos, han tenido que volver al hogar.
Y es
que el hogar sigue siendo un refugio para todos los miembros de la familia en
momentos de dificultad. Aunque hay jóvenes que no se han rendido: los hay que
deciden compartir piso y gastos, reduciendo su nivel de vida, quienes emigran
en busca de trabajo, o quienes no tienen alergia al compromiso. “Nosotros lo
teníamos claro. Desde que terminamos los estudios hemos trabajado en diferentes
empleos para mantenernos mientras llegaba el de nuestros sueños”, dice José
Manuel, de 30 años y casado desde hace tres con Sara.
Otros
no aceptan no poder salir, viajar o comprar ropa solo por ser independientes.
“Yo quiero tener la misma calidad de vida que tengo con mis padres, por eso no
me voy”, afirma Carlos.
Aun
en épocas de crisis “querer es poder” ser independiente, pero hay que estar
dispuestos a pagar un precio. Parafraseando a Peter Pan, vivir puede ser una
gran aventura.
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