Aunque las motivaciones que llevan a emigrar a un joven actualmente son distintas a las de hace 50 años, en ambos casos supone una experiencia traumática que muchos no logran superar.
“Me fui porque aquí no tenía oportunidades”. Esta es la
frase que más repiten miles de jóvenes españoles que deciden emigrar en busca
de un futuro mejor. “Hay que salir fuera y trabajar en lo que sea. Por uno
mismo y por la familia”, reiteran como un mantra.
España tuvo su primer boom de emigración en los años 60.
Eran muchos los que hacían la maleta y partían a Noruega, Bélgica, Francia y,
sobre todo, Alemania, atraídos por sus bajas tasas de paro y su expansión
industrial. Según las cifras oficiales del Instituto español de Emigración
(IEE) entre 1959 y 1973 emigraron al continente europeo un millón de personas
(1.066.440).
Eran, entonces, jóvenes de escasa formación que soñaban
con ocupar prosperar en alguna de las miles de fábricas europeas, ahorrar y
volver a España con una cantidad considerable de dinero en el bolsillo. La vida
que llevaban allí era espartana. Dormían, en muchas ocasiones, en barracones
dentro de las propias empresas, no salían y sus momentos de ocio se reducían a
escuchar la radio con sus compañeros y a ir al cine una vez al mes.
“Yo fui de los primeros en llegar a Alemania, el español
número 14. Yo me integré perfectamente aunque lo cierto es que los alemanes son
muy suyos”, comenta Enrique, un jubilado de 80 años que se trasladó a Alemania
en 1957.
Su mujer, Antonia, cuenta que no tuvo buena experiencia
en ese país. “Me sentía muy sola. Me dio mucha pena dejar a mi familia pero
confiaba en que una vez allí las cosas irían mejor. Vivía en una habitación
alquilada con derecho a baño y cocina. Cuando la casera vio que me había
quedado embarazada de mi primer hijo nos puso las maletas en la puerta a las
doce de la noche. Fue humillante”, relata consternada.
Ellos, como tantos compatriotas, regresaron a España al
cabo de unos años. Para Enrique fue un momento triste. “Echaba de menos
aquello. He vuelto muchas veces y sigo conservando amistades de aquella época”,
se enorgullece. Para su mujer, en cambio, fue un alivio regresar a su tierra. “El
día más feliz de mi vida fue cuando volví a España. Dicen que ahora las cosas
son distintas pero si mi hijo fuera a emigrar le aconsejaría que se lo pensara
mucho”, sostiene.
65.000 jóvenes han
emigrado en 2012
Con la crisis actual la historia parece repetirse y
muchos jóvenes miran a Europa con ojos esperanzados. Entre enero y junio de
2012 más de 65.000 de españoles de entre 24 y 30 años han salido de España
huyendo del 25% de paro. Estos nuevos emigrantes tienen tres perfiles muy
definidos: jóvenes con excelentes calificaciones académicas, jóvenes
latinoamericanos con doble nacionalidad que retornan a su país, y otro grupo variado
de personas que han agotado sus prestaciones y que aprovechan la libre
circulación por la UE para buscar trabajo.
Es el caso de Inés. Estudió filología hispánica y no
conseguía encontrar trabajo. Cansada de estar en su casa decidió contemplar la
posibilidad de salir fuera. “A través del Ministerio de Asuntos Exteriores
encontré una beca para enseñar español en un colegio alemán. No me lo pensé dos
veces”, recuerda.
Los emigrantes de antes prescindían de todas las
comodidades para poder ahorrar dinero con el que volver a España. Ahora la
situación ha cambiado. Los jóvenes buscan vivir bien en otro país y muchos
cuentan con el apoyo económico familiar desde España. “Cuando me fui estaba
nerviosa pero emocionada. Tardé un mes en encontrar un piso que se adaptara a
mis necesidades. Echaba de menos a mis padres pero hablaba por Skype todos los
días con ellos”, sostiene sonriendo.
“En el colegio en el que trabajaba me trataron muy bien.
Me sentía como una más. Me dio mucha pena volver y regresaré en cuanto pueda.
Es una experiencia que le recomiendo a cualquiera”, afirma con vigor.
Emigrar es siempre una experiencia
traumática
“Hay motivos externos y manifiestos para emigrar, como la
falta de trabajo, pero también existen factores
inconscientes, como un acto de rebeldía frente a una sociedad que no les
da salida para afirmarse y una búsqueda
para encontrar una identidad más firme”, señala Antonio Péraz, un
afamado psiquiatra.
Por su consulta han pasado muchos chicos que han vuelto
desde otros países incapaces de afrontar el estar fuera de su casa.
”La
emigración es siempre una experiencia
traumática, independientemente de la época histórica. Aunque las
motivaciones actuales son distintas a las de hace 50 años, ambos necesitan
elaborar el duelo por la pérdida que
supone dejarlo todo atrás. La
elaboración de este duelo
dependerá de cómo haya elaborado otros duelos para hacerse independiente de las
figuras paternas”, continúa el experto.
“La emigración
necesita de un esfuerzo que algunos logran realizar y otros no.
Las nuevas tecnologías ayudan a aliviar la
soledad que hay que soportar al principio de cualquier emigración. Una
vez se consigue la adaptación, muchos sufren el proceso inverso: el miedo
patológico a volver”, concluye el psiquiatra.


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